Seis carpetas, cuatro revisiones, doscientos correos por proyecto. Merlin se los lee todos. Y se acuerda.
El correo de obra es una avalancha: albaranes, consultas de dirección facultativa, versiones que van y vienen. Merlin lo lee según entra, lo cuelga de su proyecto y saca lo que pide acción.
Y cruza: si la referencia del albarán no cuadra con la del proyecto, te lo dice él antes de que lo descubra la certificación.
Merlin encuentra la última revisión válida entre seis carpetas, resume un pliego de 180 páginas en lo que afecta a tu lote, compara tres ofertas y te dice cuál sale mejor y por qué.
Trabaja con lo técnico de verdad: planos, mediciones, esquemas, nomenclatura. Es su terreno, no un anexo.
La misma unidad que lleva tus proyectos lleva tu oficina: clima, luces, salas, consumo. Se apaga lo que nadie usa, se ventila cuando toca y la sala de reuniones está a temperatura cuando llega el cliente.
Un solo sistema, una sola conversación. Sin cursillos.
Cuéntale a Merlin cómo se organiza tu oficina y qué se os escapa.
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